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Trelew por Gorriarán

Sus verdugos son los verdaderos derrotados

By Enrique Gorriarán Merlo

Intervención de Enrique Gorriarán en el homenaje realizado a los compañeros asesinados a 32 años en la masacre de Trelew. Rosario 21 de agosto de 2004, Centro Cultural La Toma

El 20 de julio pasado se cumplieron 60 años del atentado frustrado contra Hiltler. En Alemania el canciller Gerhard Schröder y el Presidente Horst Köhler honraron a los autores. El Canciller calificó de patriotas a quienes encabezados por el coronel Claus von Stauffenberg intentaron minar el poder Nazi. El Presidente depositó una ofrenda floral en el patio interior del lugar donde hay una placa que recuerda a los líderes del intento fallido. El acto se realizó en el mismo sitio donde el coronel y sus seguidores fueron fusilados apenas horas después por orden de Hitler. Y donde esta vez los reclutas alemanes hicieron el juramento a la bandera.

El mencionado acto me hizo reflexionar sobre un homenaje que, a mí entender, los verdaderos demócratas argentinos aún debemos. En febrero de 1977 se realizó un intento similar contra los émulos nativos de nazismo, Videla y la mayoría de los personeros del régimen de genocidas. Ellos viajaban al sur en el avión presidencial y el intento falló. El aparato perdió cierta estabilidad y debió aterrizar en al aeropuerto de Morón, donde la comitiva cambió de aeronave para continuar vuelo.

Uno de los partícipes de aquel plan, Eduardo “la tía” Streger, había estado entre los compañeros que no pudieron fugar de Rawson cinco años antes.

Claro que Eduardo Streger no se propondría aquel acto en las condiciones políticas actuales. Lo hizo cuando no había resquicio alguno, cuando se buscaba recuperar la libertad arrancada, cuando las desapariciones y el robo de niños eran parte de la vida cotidiana – según el calculo que hace Rodolfo Walsh en 1977 en su carta a la Junta de Comandantes, desaparecían, escuchen bien, 1000 argentinos por mes, o sea 3 por día o sea 1 cada 8 horas -, cuando cada movimiento opositor era un riesgo de vida, cuando enfrentar al poder era un acto heroico.

Eduardo Streger desaparecido después, en el mismo 1977, es merecedor de nuestro reconocimiento más profundo, de nuestra admiración más profunda. El mismo reconocimiento y la misma admiración expresamos aquí, a todos los que habiendo participado de aquella gesta en el Sur, cayeron después siguiendo el ejemplo de dignidad de nuestros homenajeados de hoy.

Pero pasemos a los hechos que se iniciaron aquel 15 de agosto de1972. La dictadura, antes, durante y después de Trelew, no dejaba alternativas. Y en aquel escenario, quienes caíamos presos, aunque contábamos con el valeroso aporte de abogados que contra viento y marea aprovechaban las pocas rendijas que el poder dejaba subsistir para aparentar alguna legalidad, no teníamos la alternativa de lograr la libertad por vía de una defensa jurídica sino por la evasión. Esa era, para nosotros, la probabilidad más concreta de volver a la lucha en las calles, y nuestros defensores eran conscientes de ello, asumían y aprobaban esa realidad.

Esa idea, el escape, fue el primer tema de conversación con el Gringo Mena cuando Roby Santucho, Alejandro Ulla, Humberto Toschi y yo, llegamos a Rawson, en los primeros días de abril. Los que ya estaban ahí, el Gringo, Marcos Osatinsky, Mariano Pujadas, tenían un proyecto que contemplaba la salida para seis compañeros y tenía a Bahía Blanca, que estaba a 700. Kms de Rawson, como el lugar de destino inicial.

A instancia de Roby, y luego de estudiar pormenorizadamente las posibilidades, llegamos a la conclusión de que podíamos hacer un escape masivo usando un avión de línea que diariamente aterrizaba en Trelew, a 25 Kms de la prisión.

Al confirmar que el ejército tenía todo el aparato de seguridad dispuesto a la espera de un copamiento desde el exterior de la cárcel, luego de analizar la viabilidad, decidimos controlar de penal desde adentro. Además de garantizar la sorpresa, esa forma de actuar disminuiría los movimientos de extraños en una localidad tan pequeña como Rawson. Estos podían llamar la atención de los uniformados encargados de evitar la evasión.

A efecto de no extender demasiado esta descripción voy a evitar detalles que se pueden encontrar en distintas publicaciones, pero sí voy contar el papel del guardia cárcel Fazio, relatar la actitud de Agustín Tosco, explicar la causa por la cual no pudieron salir todos los compañeros, como así también las circunstancias de nuestra estancia en Chile y de la continuidad del viaje a Cuba. Creo que se trata de hechos que no son suficientemente conocidos o que han sido tergiversados.

Contábamos con el insustituible apoyo de visitantes y amigos del lugar, que nos iban interiorizando de las características de la zona, y con el de un guardia cárcel, Fazio.

Fue él quien nos dio una detallada información de los movimientos internos del penal y quien ingresó un arma corta y un uniforme militar. También fue quien prestó una ayuda invalorable para lograr el control del penal con la menor resistencia posible. En todo momento, Fazio trató de evitar que alguno de sus compañeros de trabajo saliera herido.

Les cuento algo que sucedió en pocas palabras. Entramos con él a la sala donde había alrededor de 100 armas y varios miembros del Servicio Penitenciario, encargados de la custodia exterior del edificio. Fazio, caminaba delante de mío simulando ir amenazado, tal como habíamos planeado. Al entrar al lugar e intimar la rendición, Fazio, por su iniciativa, sin acuerdo previo, se arrodilló y llamó al resto a que lo imiten para evitar alguna tragedia. Afortunadamente todos lo imitaron, gracias fundamentalmente a él se pudo evitar el probable choque armado y llevar a los guardias reducidos al lugar previsto en el plan.

Retrocedamos a los momentos previos al inicio del plan. Dos horas antes de comenzadas las acciones, a las 16, hablamos con, el único preso no involucrado en la fuga que se enteró antes de lo que estaba por pasar. Se lo anunciamos por la estrecha relación que nos unía a él, por el respeto que le profesábamos. Me refiero a Agustín Tosco, extraordinario ser humano, revolucionario intachable, forjador – en 1967 – de la CGT de los Argentinos, artífice del Cordobazo en 1969, por entonces Secretario General de Luz y Fuerza de Córdoba, y principal referente del movimiento sindical combativo nacional.

Estábamos en distintos pabellones, entonces aprovechando que coincidíamos en el recreo de las cuatro de la tarde nos juntamos con él Roby, Marcos y yo. Roby le dijo que nos fugaríamos dos horas después, y le comentó como una formalidad para una respuesta que todos conocíamos, que si quería venir podía hacerlo. Él se puso en cuclillas, pensó unos segundos, levantó la mirada y sólo dijo: “y yo que tengo que hacer”. Ahí le dije que sabiendo del respeto que le tenían todos habíamos pensado proponerle que se ocupara de controlar a los de su pabellón y, sobre todo, al de enfrente para evitar que los detenidos comunes pretendieran salir. Él asintió sin dudar. Después habló Marcos unas palabras, Agustín nos deseó suerte, y nos separamos. Eso fue todo.

Después de la masacre fue quien habló desde la ventana a los presos que habían quedado en el penal; y desde que fue liberado, en septiembre, encabezó una fuerte campaña denunciando los crímenes en la base Almirante Zar y las condiciones en que sobrevivían los detenidos en Rawson.

Son falsas las versiones que indican que Agustín Tosco se oponía a la fuga, como así también las que dicen que contraponía la resistencia armada a la de masas. Él concebía el combate contra el autoritarismo desde la combinación de las diferentes formas de lucha y, hasta el último día coordinó con nosotros, discutió con nosotros, disintió y acordó con nosotros.

Tengo el honor y el dolor de haber estado junto a él en la última reunión en que participó en las sierras de Córdoba para programar un paro activo contra la intervención en la provincia. Esto ocurrió un viernes de septiembre y al día siguiente, el sábado, se descompuso y debió ser internado. Falleció el 5 de noviembre de 1975, trece meses después que García Rey asaltara su sindicato de Luz y fuerza de Córdoba y que Agustín se convirtiera en un clandestino más. Desde esa condición, y como un hecho inédito en la historia sindical argentina, Agustín siguió dirigiendo el movimiento trabajador de la provincia y proyectándose como líder político nacional.

Está con nosotros Roberto Habichayn, por entonces miembro del PRT-ERP, que fue quien lo atendía como médico, lo acompañaba a las reuniones, estaba con él en ese periodo, y es testigo privilegiado de esos 13 meses de persecución al Gringo Tosco.

Vayamos ahora a una pregunta que muchos se hacen. ¿Que impidió la salida de los 116 compañeros? Acá, a mi lado está Jorge Luis Marcos, que en la fuga fue el jefe del grupo de apoyo exterior. La misión del grupo consistía por un lado en garantizar el ingreso de los vehículos en que saldríamos todos hacía el aeropuerto una vez ocupado el penal, y por otro asegurar el control del avión en que viajaríamos a Cuba vía Chile. Es decir, el grupo estaba dividido en dos comandos: el primero de transporte, a cargo de Jorge Lewinger, y el segundo, para controlar el avión, a cargo de Víctor Fernández Palmeiro.

La falla estuvo en el primero de los comandos, el que nos transportaría del penal al aeropuerto.

Veamos como fue eso. Una vez copado el establecimiento penitenciario, se agitó un pañuelo como señal al responsable de los vehículos encargados de nuestro traslado, quien la recibiría en un punto prefijado desde donde tenía perfecta visibilidad y ordenaría el ingreso de los camiones y el auto. La señal se hizo, pero los camiones no entraron. Sin esperar la señal, el responsable del comando decidió retirarse del lugar.

Que paso? En varios compañeros del grupo exterior se había creado la idea de que la acción no tendría éxito. Al escuchar los disparos que se produjeron en la entrada principal de la cárcel, en el único enfrentamiento que sucedió, y que lamentablemente provocó el fallecimiento del guardia Valenzuela, el responsable del comando creyó que aquella premonición se había consumado y que todo había fracasado.

Cuando Lewinger llegó al aeropuerto y le informó a Jorge Luis la decisión que había tomado, éste, percibiendo el error, rápidamente decidió regresar al penal con Lewinger y otros dos compañeros chóferes. Pero la represión ya estaba alertada y más tarde los cuatro fueron detenidos.

Lo que impidió la fuga de todos fue un error grave del responsable del comando que debía realizar el traslado de la cárcel al aeropuerto.

Debo decir también que no es de él la responsabilidad de los crímenes. Esos fusilamientos fueron la venganza de la dictadura por nuestra fuga. Y hubieran ocurrido, con otras victimas, de habernos fugado todos. Que quede claro: el único responsable de los crímenes en Trelew es la dictadura, que adscribía los dictados de la Doctrina de Seguridad Nacional que propugnaba el Terrorismo de Estado como método para combatir opositores.

Pero qué permitió que seis de nosotros lográramos salir? Por su propia iniciativa sí ingresó Carlos Goldemberg, que conducía el auto en que logramos escapar. Él, al escuchar los disparos ocurridos en el enfrentamiento mencionado, reaccionó sin esperar la orientación del responsable y entró al penal para ver si podía ayudar.
Una vez decidido que nos retiráramos Roby, Roberto Quieto, Marcos (Osatinsky), Fernando (Vaca Narvaja), el Gringo Mena y yo, desconociendo lo ocurrido y pensando que quizás los conductores de los vehículos faltantes se habían perdido, salimos con Carlos Goldemberg a recorrer Rawson en su búsqueda. Esto nos demoró y llegamos al aeropuerto cuando el avión se aprestaba a partir. Lo detuvimos dándole al encargado de la torre de control aéreo el argumento de que éramos militares y que debía detener el avión ya que procederíamos a revisarlo por una amenaza de bomba. La estratagema dio resultado, el operador detuvo el vuelo en medio de la pista, y logramos acceder al aparato. Tal como habíamos acordado, esperamos en la cabecera de la pista el arribo de los compañeros hasta que no había más posibilidad de continuar en esa posición y salimos a Chile.

Previa escala en Puerto Montt aterrizamos en Santiago, donde nos esperaba Arsenio Poupin, Director General de Investigaciones en el gobierno de Salvador Allende. En nombre del presidente nos sugirió que nos quedáramos ahí en lugar de continuar a Cuba. Para ello era preciso reabastecerse de combustible en Manaus o Caracas y, nos comentó que no había garantías de que no nos devolvieran a la Argentina. Si decidíamos quedarnos en Santiago, mientras el Presidente buscaba, consultando también con nosotros, la forma de resolver definitivamente la situación, nos alojarían en el cuartel de Investigaciones en calidad de retenidos. Y por último dijo: “en ningún caso serán devueltos a la Argentina”. Ahí nos quedamos.

Enseguida nos enteramos la situación de los 19 compañeros en el aeropuerto y luego en la base naval Almirante Zar. Al día siguiente Juan Bustos, actual diputado por el Partido Socialista y por entonces Secretario General de la Zona Centro de dicho partido, comenzó su labor como vocero del presidente, transmisor de sus propuestas y de nuestras opiniones hacia él. Es decir era quien mediaba entre Allende y nosotros.

Allende buscaba la forma de que saliéramos a Cuba, tratando de afectar lo menos posible las relaciones entre Chile y nuestro país. En esa búsqueda se encontraba cuando la masacre de prisioneros en Trelew aceleró la decisión:

En el atardecer del 21 de agosto el Canciller de Argentina, Brigadier (Re) Eduardo Mc Loughlin, volvió a reclamar ante el embajador Chileno nuestra devolución al país. Este le respondió que eso no ocurriría en ningún caso, por lo cual el Canciller se dirigió a informar a Lanusse a la Casa Rosada. Horas después, en la madrugada del 22, se produjo el asesinato de nuestros compañeros. La matanza había sido ordenada luego de aquella reunión.

Volvamos a Chile. Desde que llegamos se habían sucedido las movilizaciones organizadas fundamentalmente por el MIR y el propio Partido Socialista en apoyo de una solución rápida y favorable a nuestro caso. Ese 22 de agosto las movilizaciones se habían intensificado y nos habían sacado la radio, con la excusa de arreglarla. Esos hechos, más otros indicios, nos indicaban que algo malo estaba pasando y comenzamos a exigir explicaciones.

Al anochecer del 22, Arsenio Poupin, conmovido, ingresó al lugar donde estábamos retenidos. Habíamos pasado el día con una creciente preocupación, y sabíamos que las noticias no serían buenas. Arsenio se sentó en la cabecera de la mesa, mientras nosotros ocupamos el resto. Comenzó disculpándose por no habernos informado antes, se trataba de algo muy grave y no quería decirnos cosas que no estuvieran absolutamente confirmadas. Con palabras llenas de angustia, ante nuestra consternación, comenzó a leer, despacio, cada nombre, la lista parecía interminable, entre ellos estaba el de Sayito, compañera de Roby, el de Susana Lesgart, compañera de Fernando, todo nos llenaba de dolor, de impotencia… hasta que poco a poco fuimos retomando la conversación… incrédulos… intentando dilucidar que había pasado. Se había consumado el múltiple homicidio, la despreciable cobardía de asesinar a alguien desarmado e indefenso argumentando una agresión inexistente…

Con palabras entrecortadas, Arsenio nos informó también que el presidente Allende había resuelto que saliéramos para Cuba apenas se resolvieran las cuestiones formales. Esto ocurrió dos días después.

Es absolutamente falsa la versión que dice que el presidente Allende pensó en entregarnos a la dictadura Argentina. Eso nunca pasó por su cabeza.

Los cuatro íconos del Terrorismo de Estado fueron la tortura generalizada, que comenzó junio del 66 con Onganía; la desaparición de personas que se inició con la de Alejandro Baldú en marzo del 70, también con Onganía; el asesinato de prisioneros que principió en Trelew en agosto del 72, con Lanusse; y el robo de niños, que tuvo a su primer víctima en octubre del 74 con Isabel Perón.

Trelew fue el primer antecedente de la tercera de las crueles modalidades enumeradas: el asesinato de prisioneros. De ahí en más la “ley de fuga” se convirtió en moneda corriente.

Los fusilados en Trelew son parte integrante del decoroso ejemplo que nos legaron los miles de hermanos que cayeron con la misma grandeza. Acá lo que hubo fueron 30 mil desaparecidos, todos de un solo bando, decenas de miles de torturados, todos de un solo bando, 500 niños robados, todos hijos de parejas de un solo bando, cientos de cadáveres explosionados, todos de un solo bando, decenas de prisioneros asesinados, todos de un solo bando. En verdad no se trata de la victoria de un ejército sobre otro como alegan los personeros nativos del terror sino de un exterminio masivo de personas organizado por una banda criminal que arrebató el poder del Estado y de su propia institución, las FFAA. Ellos lograron, momentáneamente, contener el reclamo mayoritario de un cambio hacia la justicia, es verdad, pero como única y merecida recompensa obtuvieron una irreversible derrota moral, plasmada en el desprecio del pueblo y en la imposibilidad de alguien imite sus brutales acciones. ¡No son los mártires sino sus verdugos los verdaderos derrotados!.

Si bien un revolucionario lucha para ganar e imponer sus proyectos de equidad, sobre todo lucha para mantener la dignidad, para no dejarse llevar por delante por ningún autoritarismo. Y ese logro sin duda fue cumplido. Marcos Osatinsky, interpretando fielmente ese sentir, comentó a la revista chilena Punto Final apenas horas después de los fusilamientos: “la rica sangre vertida por los mejores hijos del pueblo, realmente es el abono más fértil que va marcando el camino”.

Es cierto que hoy asistimos a una situación social más grave que la existente en aquellos años, pero también es verdad que estamos ante una realidad institucional mucho más sólida. Y esto último, es un logro nada despreciable de aquella gesta plagada de generosidad y entrega. Nos permite continuar la lucha por los mismos objetivos de nuestros mártires, por vía democrática y electoral.

Ese es nuestro deber. La pregunta es como lo hacemos?
Todos sabemos que nuestro país ha sido llevado por las elites dominantes hacia la falta trabajo, de educación, de salud y de vivienda, y que eso afecta a la mayoría de la población. Tampoco precisamos estadísticas para darnos cuenta que ello encamina a las personas hacia la desesperación, arremete contra los valores solidarios y alienta el delito. Es decir, todos somos concientes de qué políticas nos trajeron los problemas que nos aquejan, y de cuáles son esos problemas.

Hemos conversado sobre esto con muchos amigos, con muchos compañeros, y, por si resulta útil, quiero transmitirles la conclusión de esas charlas. Esta conclusión es que para pensar seriamente en la posibilidad de transformar esta realidad nacional es necesario comenzar por una vasta reforma política y una profunda reforma económica.

Empecemos entonces por la reforma política. Creo que todos percibimos que la población se siente separada de estos partidos y de estos políticos. Es decir que nadie cree en ellos. Esto es positivo. Negativo sería que alguien tuviera expectativas en esta corporación obscena.

Por otro lado observamos que muchos piensan que estamos ante una realidad casi imposible de cambiar. Esto sí es preocupante.

Si uno se resigna a la desgracia tiene asegurada su continuidad. Pero si intenta transformar las cosas siempre tiene un margen de posibilidades de lograrlo.

Nosotros pensamos que se puede cambiar. Lo esencial es construir un sistema en el que la política deje de ser un medio de vida, como es en la actualidad, para que sea un servicio a la sociedad, como debería ser. Y en esa dirección hay tres medidas que nos parecen ineludibles.

La primera es establecer la prohibición de reelección de una persona para el mismo o diferente cargo. Es decir, que nadie pueda ejercer más que un solo periodo. Esto es, que si alguien es concejal, una vez cumplido el plazo por el que fue electo vuelve a su trabajo normal, sin poder ser candidato a otro cargo.

Con esa cláusula nadie podría hacer de la política una carrera personal, es decir no podría ser después diputado, luego senador, etc., cuando más podría dedicar 6 años de su vida a la función pública. Cualquiera que ingrese a la política sabría que no es una actividad para vivir de ella, sino para aportar a la comunidad. Hay que estudiarlo en detalle, pero la idea es desalentar el egoísmo y el arribismo, poniendo coto a los tiempos para ejercer cargos públicos.

La segunda medida consiste en establecer en 60 años el tope de edad para ocupar cargos partidarios o públicos.

El objetivo de las dos propuestas es facilitar el aporte de nuevas camadas que se encuentran taponadas por la permanencia vitalicia de dirigentes.

Ellos ponen el argumento de que el político no se jubila, pero en realidad quieren decir que el dirigente no se jubila, porque cualquiera sabe que igual puede hacer política sin ser dirigente.

Otro argumento que usan es el de la necesidad de la experiencia. Pero cualquier observador atento sabe que quienes gobernaron son los que dicen tener experiencia…y miren donde estamos! ¿No será mejor reemplazar la “experiencia” por la honestidad y la responsabilidad?

No pensamos en desatender la experiencia acumulada. Cuando uno deja su puesto después de un periodo o sobrepasa la edad estipulada puede asesorar al que lo reemplaza. Esa es la verdadera democracia participativa, basada en la fraternidad.

La tercer medida es la de poner a los funcionarios públicos, electos, contratados o nombrados, que cometan actos ilícitos, castigos ejemplares, más duros que el que pueda aplicarse a un delincuente común, dado que sus actos involucran a la sociedad.

Sin embargo, hoy en día las cosas son a la inversa. Los funcionarios cuentan con fueros que les permiten delinquir sin riesgo de ser castigados mientras estén en funciones y los jueces evitan ser juzgados con sólo renunciar.

Se trata de construir un sistema de participación contra uno elitista, de relación fraterna entre los hombres contra uno que pregona la competencia despiadada por un cargo, un sistema que castigue el robo en lugar de auspiciarlo. Un sistema al servicio de la sociedad y no de individuos.

La naturaleza humana, está probado, hace que quien ostenta poder, en general, está tentado a utilizarlo en beneficio propio. Lo mejor es no dar la oportunidad a esa tentación que corrompe o poder castigarla si se produjera. No se trata sólo de cambiar ladrones por decentes, sino, sobre todo, de cambiar un sistema hecho para robar por otro hecho para impedir robar.

La otra reforma es la económica, y en nuestra opinión debe comenzar por el trabajo.
La propaganda neoliberal que invadió nuestros hogares por vía de los medios de comunicación nos dice: “hay que crecer para generar empleo”. En cambio nosotros decimos: “hay que generar empleo para crecer”.

El sentido común indica que sin trabajo no se puede mejorar la integración de la familia, ni el interés de los jóvenes por el estudio, ni se puede lograr que disminuya el delito, ni que se reactive la industria y el comercio. El trabajo es también el único antídoto contra la conmoción que provoca la miseria y el único capaz de restablecer valores atropellados.

La creación rápida de empleos depende casi exclusivamente de la voluntad política. Veamos:
La medida madre es el retorno a las 8 horas de trabajo. Actualmente, según datos oficiales, hay 4 millones 500 mil personas que trabajan entre 10 y 12 horas diarias. Suponiendo el mínimo, que esas 4 millones 500 mil personas trabajen 10 horas, con sólo volver a las 8 horas se generaría un empleo nuevo cada 4 que ya existen. O sea que nacerían 1 millón 125 mil nuevos puestos de trabajo. Claro que esto no depende de un decreto que lo determine. Es más importante contar con un cuerpo de inspectores insobornables que con el más lúcido de los ministros. Todos sabemos que la corrupción se ha extendido en amplias capas de la sociedad. Y para que esta medida sea eficaz es preciso contar con una masa de fiscalizadores especialmente seleccionada por sus condiciones morales y su compenetración con la importancia de la disposición.

El siguiente paso sería disponer de una política impositiva y crediticia que permita el desarrollo de las Pequeñas y medianas empresas. En nuestro país, a pesar de los altos intereses para los créditos y las elevadas tasas impositivas que soportan, ellas generan actualmente alrededor del 50 % de los puestos de trabajo, mientras que políticas más racionales hacen que en Brasil ese porcentaje se eleva al 67 % y en Chile al 80%.

En camino al pleno empleo, las dos medidas anteriores deberían complementarse con créditos para microempresas familiares o de grupo. Claro que la subsistencia de estas depende de que tengan a quien venderle, de estar inmersas en una sociedad donde el trabajo y la producción, no el arte de especular, sea la norma.

Pero bien, surge evidente que las reformas políticas y económicas propuestas, no se pueden llevar a cabo sin gobernar el país. Y para ello es condición previa construir una organización que obtenga una mayoría tal que le permita resistir las presiones de los que pretenderán mantener sus privilegios.

Me refiero a construir una estructura política unida por los principios éticos, esos que se revelan en las personas que actúan correctamente con sus familias, solidariamente con sus vecinos, compañeros de trabajo o de estudio. Una estructura cuyo objetivo sea que los padres puedan trabajar, que los niños vayan a la escuela, que los abuelos vivan dignamente.

Con estos políticos y sus partidos poco se puede hacer. A quien se le ocurre, por ejemplo, que ellos puedan negociar la deuda externa a partir de la defensa irrestricta de los intereses nacionales. O privilegiar los mismos intereses en la realización de cualquier acuerdo de otra naturaleza con cualquier nación del planeta.

Alguien cree que el senador este de Formosa que otorgaba planes trabajar a votantes argentinos que viven en Paraguay va a cambiar? Alguien cree que sus colegas ignoran la existencia hechos delictivos como este?

La tarea no es fácil, pero encararla es la única manera de salir del atolladero en que nos encontramos.

Como dijera el general San Martín:

“Claudicar ante proposiciones vergonzosas es la última desgracia que puede caberle a un pueblo que tiene sentimientos de honor”.

Muchas Gracias,
Rosario, 21 de Agosto de 2004

ASESINADOS EN LA BASELMIRANTE ZAR DE TRELEW
EL 22 DE AGOSTO DE 1972
Mariano Pujadas 24 AÑOS MONTONEROS
Susana Lesgart 22 AÑOS MONTONEROS
María Angélica Sabelli 23 AÑOS MONTONEROS
Carlos Astudillo 28 AÑOS FAR
Alfredo Khon 27 AÑOS FAR
Clarisa Lea Place 24 AÑOS ERP
Ana María Villarreal 36 AÑOS ERP
Pedro Bonnet 30 AÑOS ERP
Eduardo Capello 24 AÑOS ERP
Alberto del Rey 23 AÑOS ERP
Mario Emilio Delfino 29 AÑOS ERP
José Ricardo Mena 21 AÑOS ERP
Miguel Angel Polti 21 AÑOS ERP
Humberto Suárez 25 AÑOS ERP
Humberto Toschi 25 AÑOS ERP
Alejandro Ulla 27 AÑOS ERP

SOBREVIVIENTES
Alberto Camps FAR
María Antonia Berger FAR
René Haidar MONTONEROS

*Los tres sobrevivientes fueron posteriormente desaparecidos.



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